lunes, 26 de enero de 2009

Tirar de repertorio

Lamentablemente, estoy asistiendo a sepelios cada vez más a menudo. Y como pasa a veces, el encargado de declamar unas palabras amables ni conocía al difunto. Hasta el punto que ha confundido a la viuda, ha tenido unas palabras para los hijos, que nunca tuvieron, y se ha referido a los últimos meses de sufrimiento, cuando la muerte le sobrevino en una partida de cartas en el café de siempre, de repente.
Ha tirado de repertorio, esta vez sin acierto.
Lejos de lo trágico o cómico que parezca, la realidad es que en el trabajo, como una faceta más de la vida, usamos los patrones de siempre, los que han triunfado, una vez y otra, hasta la saciedad.
De hecho, admiramos a los consultores que nos abruman con su metodología (sus patrones) que han aplicado mil veces (con brazo férreo) con éxito.
El mundo no es tan simple como para poder modelarlo sin más.
Además, ahora, ya no soportamos que algo no esté pensado exclusivamente para nosotros. O como mínimo que lo parezca. Nos hemos vuelto adictos a la personalización, al traje a medida.
Una consecuencia del exceso de oferta.
Un peligro de muerte para los que venden café para todos.

lunes, 12 de enero de 2009

Genialidad con normalidad

Unos centenares de personas tuvimos el sábado 10 de enero la oportunidad de que un genio nos presentara su última creación.
En el incomparable prisma de madera de la Sala Pau Casals del Auditori de Barcelona, Albert Guinovart presentaba "El lament de la terra". Por encima del soberbio concierto, completado por unas variaciones para violoncelo de Tchaikovski interpretadas por el virtuoso Adolfo Gutiérrez Arenas, y por una genial interpretación de Sheherazade por toda la OBC dirigida por Roberto Minczuk, nos sorprendió la entrañable cordialidad con la que el maestro Guinovart nos describió su nueva obra, y como nos avanzó unos compases con el piano.
Ante la imposibilidad para los neófitos de comprender la complejidad de componer una pieza para orquesta, sólo nos queda la posibilidad de emocionarnos.
Estamos acostumbrados a crear dioses, que a menudo asumen su nueva condición con presteza. En el fútbol, en los negocios, en muchos ámbitos de nuestra vida, marcada por la búsqueda del éxito.

Por eso cuando un maestro muestra su naturalidad nos sorprende.
Quizás esta naturalidad se traslada a su música.
Quizás por eso nos emociona.