lunes, 12 de enero de 2009

Genialidad con normalidad

Unos centenares de personas tuvimos el sábado 10 de enero la oportunidad de que un genio nos presentara su última creación.
En el incomparable prisma de madera de la Sala Pau Casals del Auditori de Barcelona, Albert Guinovart presentaba "El lament de la terra". Por encima del soberbio concierto, completado por unas variaciones para violoncelo de Tchaikovski interpretadas por el virtuoso Adolfo Gutiérrez Arenas, y por una genial interpretación de Sheherazade por toda la OBC dirigida por Roberto Minczuk, nos sorprendió la entrañable cordialidad con la que el maestro Guinovart nos describió su nueva obra, y como nos avanzó unos compases con el piano.
Ante la imposibilidad para los neófitos de comprender la complejidad de componer una pieza para orquesta, sólo nos queda la posibilidad de emocionarnos.
Estamos acostumbrados a crear dioses, que a menudo asumen su nueva condición con presteza. En el fútbol, en los negocios, en muchos ámbitos de nuestra vida, marcada por la búsqueda del éxito.

Por eso cuando un maestro muestra su naturalidad nos sorprende.
Quizás esta naturalidad se traslada a su música.
Quizás por eso nos emociona.

1 comentario:

  1. Los verdaderos genios a menudo consiguen que su actividad artística, científica, deportiva fluya con una naturalidad insultante. Hace 25 siglos que Heráclito decía aquello de "todo fluye, nada es" (panta rei). Y esa es la virtud de los maestros: fluir, hacer tan fácil lo que parece imposible que es inevitable que los mortales comunes nos sintamos casi ofendidos.

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