lunes, 26 de enero de 2009

Tirar de repertorio

Lamentablemente, estoy asistiendo a sepelios cada vez más a menudo. Y como pasa a veces, el encargado de declamar unas palabras amables ni conocía al difunto. Hasta el punto que ha confundido a la viuda, ha tenido unas palabras para los hijos, que nunca tuvieron, y se ha referido a los últimos meses de sufrimiento, cuando la muerte le sobrevino en una partida de cartas en el café de siempre, de repente.
Ha tirado de repertorio, esta vez sin acierto.
Lejos de lo trágico o cómico que parezca, la realidad es que en el trabajo, como una faceta más de la vida, usamos los patrones de siempre, los que han triunfado, una vez y otra, hasta la saciedad.
De hecho, admiramos a los consultores que nos abruman con su metodología (sus patrones) que han aplicado mil veces (con brazo férreo) con éxito.
El mundo no es tan simple como para poder modelarlo sin más.
Además, ahora, ya no soportamos que algo no esté pensado exclusivamente para nosotros. O como mínimo que lo parezca. Nos hemos vuelto adictos a la personalización, al traje a medida.
Una consecuencia del exceso de oferta.
Un peligro de muerte para los que venden café para todos.

1 comentario:

  1. Mala cosa si no aciertan ni cuando nos morimos. He comprobado también como en los tanatorios, si vas por lo civil, te despachan con una especie de nueva liturgia agnóstica que abraza el universo y las galaxias exteriores, y te dicen cosas tan elaboradas como "fuiste piedra, fuiste viento". Ominoso, por lo menos, para los que quedan. El finado, al fin y al cabo, ya poco puede aportar, a causa de su condición. Particularmente en los actos fúnebres quien ha de tirar de repertorio vital ha de ser el más "literato" de la familia que siempre dirá algo más personal que esta sarta de infumables lugares comunes. Y a esperar que su vena artística no se limite solamente a recitar al manido poeta de moda.

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