domingo, 22 de febrero de 2009

¿El fútbol, sólo una pelotita tonta?

"La pelota sólo es inteligente cuando pasa por los pies de los futbolistas. Cuando pasa por la cabeza de los dirigentes, se transforma en ignorante". (César Luis Menotti)


El 28 de febrero, en Newcastle, la International Football Association Board (IFAB) estudiará diversos cambios en el reglamento del fútbol: más sustituciones de jugadores cuando se dispute una prórroga, prolongación del tiempo de descanso, aumento de los árbitros asistentes y de las expulsiones parciales durante unos cuantos minutos. Sin noticias, sin embargo, sobre el montón de ayudas que proporciona la tecnología.

¿Existe algún deporte tecnológicamente más retrógrado que el fútbol? ¿Cómo se explica que en un estadio de fútbol la tecnología reine por doquier, excepto en el terreno de juego? El único adminículo que la FIFA ha aceptado a lo largo de más de cien años, para facilitar el trabajo arbitral, es el dispositivo electrónico con el que el juez y los liniers se comunican. ¿Es suficiente esta pequeñez o sería ahora un buen momento para dar un salto cualitativo y engancharse a los nuevos tiempos?

Oportunidades tecnológicas las hay de todo tipo. Desde los balones con chip incorporado que permitirían evitar goles fantasma -utilizados en diversas competiciones oficiales de segundo orden- hasta esprais que los árbitros ya han utilizado para marcar los 9,15 metros exactos de las barreras defensivas, también en eventos menores. La multiplicidad de dispositivos electrónicos al alcance de otros deportes es inmensa y enorme la locura comercial por colarlos también en el mayor deporte de masas europeo. ¿Cuál debe ser, entonces, la explicación de tanto retrogradismo? Ya sabemos que los organismos internacionales -tipo FIFA y UEFA- suelen ser más bien conservadores o, directamente, carcas. Sin embargo, quizás hay algo más que impide que sistemas de éxito como el ojo de halcón - hawk eye - tenístico se instalen en el fútbol.

La explicación de este anclaje en la tradición podría ser muy sencilla: el fútbol, su esencia, rechaza la incorporación de cualquier tecnología que ralentice el espectáculo. La continuidad del juego es el elemento más característico y difícilmente el público aceptará interrupciones. ¿Alguien es capaz de imaginar a los árbitros decidiendo sobre un fuera de juego, o sobre una expulsión, aunque sólo sea durante un minutito? La magia permanente del fútbol tiene mucho que ver con las equivocaciones arbitrales, con las decisiones discutibles, con las supuestas injusticias perpetradas por un pobre hombre, prácticamente solo, a quien 22 jugadores intentan confundir permanentemente en un terreno de más de 7.000 m2.

Bajo este punto de vista al fútbol no le hace falta innovar mucho más: por más que nos quejemos ya nos va bien como está ahora, cuando la química perversa del azar y el arbitraje nos proporciona un debate continuo -con o sin crisis - que continúa llenando los estadios de pasión y de millones de personas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario