martes, 24 de febrero de 2009

La blanca nube

Nos dicen los sabios que existe una nueva tendencia de la informática moderna que más o menos dice que lo tendrás todo en Internet.
No solo tus datos estarán en la red, sino también las herramientas que habitualmente utilizas para manipularlas.

Te imaginas un mundo en el que no necesitas instalar y mantener actualizados docenas de programas diversos que te ayudan a retocar una imagen, a escribir un correo electrónico o a crear unos gráficos con una hoja de cálculo? ¿Y no tenerte que preocupar de si perderás las fotos más apreciadas si se te funde el PC?

Este mundo ya tiene nombre, el "cloud computing" que nos dice que no sabes a ciencia cierta donde está el ordenador que realmente trabaja para ti.
En algún sitio de la red. De la nube.
Y para disponer de la nube, solo necesitas un PC pequeñito, conectado, eso sí, a Internet.

Pero esto, que nos parece por un lado fantástico, también nos atemoriza. ¿Todos mis datos, por allá arriba, dando vueltas? ¿Y no los voy a perder? ¿Y no me los mirarán? ¿Y los programas, y si no funcionan?

Pues hoy ha pasado. El ejemplo de éxito más brillante de la computación en la nube, el gmail, el servicio de correo de Google, no ha funcionado durante tres horas. Dice el blog de Enrique Dans que sólo habrá afectado a 113 millones de personas.

De todas formas, ¿alguno de los usuarios habituales de este servicio dejará de usarlo?

Nos acostumbramos muy rápido a las herramientas que nos ayudan, y nos volvemos muy exigentes.
Más de lo que seríamos con nosotros mismos, que no sabemos o simplemente no queremos pasarnos el día actualizando el maldito ordenador. Y que queremos encontrar un correo cuando lo buscamos.

Esta nube está aquí para quedarse, pero no trae lluvia. Es blanca.

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