martes, 31 de marzo de 2009

Escalas de innovaciones

¿Quién es más innovador? ¿El equipo que descubre una nueva batería más pequeña o el que genera un Net PC con esta batería? Se podría pensar que el primero, que es el que domina la ciencia en profundidad. Pero también podemos argumentar que si el último no lo empaquetara en un Net PC o mini PC portátil, no tendría mercado y por lo tanto se quedaría en el mundo de las invenciones, lejos del éxito comercial que requieren, bajo mi punto de vista, las innovaciones.

En un reciente artículo sobre la creación de valor de la innovación de McKinsey se comentan los tres niveles de innovación:

  • El alto nivel (¡que yo habría llamado justo al revés, cosas de la vida!) se relacionaría con las materias primas y el mundo físico, como las innovaciones en microprocesadores.


  • El nivel intermedio catalogaría las innovaciones compuestas por agrupaciones de componentes de alto nivel, por ejemplo los circuitos electrónicos.


  • El bajo nivel ya serían innovaciones en productos finales, que llegan directamente al gran público.


En cualquiera de los tres se moden producir cambios relevantes que afecten no sólo a su nivel, sino a los tres. Así, una innovación en el alto nivel genera una cascada de nuevas aplicaciones a los niveles inferiores. Las de bajo nivel, en cambio, se encargan de dar relevancia y visibilidad a las innovaciones de alto nivel. Además, para llegar a la gente, necesitarán una buena dosis de marketing y logística ...

Llegaremos a la conclusión pues que lo que realmente generará progreso será la combinación de todos estos factores, alineados, con la finalidad de poder tangibilizar este valor, de manera que sea percibido por los clientes, y los impulse a la decisión de compra, que tanto necesitamos últimamente.

lunes, 30 de marzo de 2009

vuela Barcelona


Soy de la generación que empezaba a tener voz y voto cuando "la ville de Barcelona" fue nominada para los olímpicos del 92. Ahora que ya hace 20 años, ya toca la segunda revolución, y una de las palancas de anclaje debe ser la nueva T1 del Aeropuerto del Prat, antes Terminal Sur, que deberá convertirnos, esperamos, en un centro aeroportuario relevante en Europa.

No nos engañemos. No es lo mismo llegar haciendo escala en Amsterdam, París, Londres o Madrid, que convertirse en un punto directo de concentración de aeronaves.

Seguro que la tecnología nos ahorrará muchos viajes, pero tengo la certeza de que vamos a un mundo en que las relaciones distantes serán mucho más necesarias que hasta ahora. ¿Cuántas veces hemos oído que la solución a nuestro tejido de pequeñas empresas es la innovación y la internacionalización? Quizás nos ponemos manos a la obra, ¿no?

Datos:

525.400 metros cuadrados, equivalentes a 11 manzanas del Eixample y a 82 campos de fútbol.
55 millones de pasajeros al año.
100 puertas de embarque.
168 mostradores de facturación (que casi ya no usamos nunca, con el web check-in ...).
90 operaciones por hora.
62 estacionamientos de aeronaves.
43 pasarelas.
14 cintas de equipajes.
28 controles de seguridad.
6 salas VIP.
25.200 metros cuadrados de oferta comercial.
49 pasillos mecánicos.
12.000 plazas de aparcamiento.
1.500 plazas de taxi
Metro, Cercanías y Alta Velocidad.
Sistema automático de tratamiento de equipajes.

En dos años, justo saliendo de la crisis, nos encontraremos con dos plataformas básicas de conexión con el mundo recién estrenadas. Esperamos que por fin el TGV (o el AVE como dice la Renfe) nos conecte con Europa por tierra.

domingo, 1 de marzo de 2009

Intranet 2.0

En tiempo convulsos como los que vivimos, resulta imprescindible para las corporaciones asegurar que los mecanismos internos de comunicación funcionan a la perfección. A este hecho se le añade el cambio de paradigma en que está inmersa Internet con la revolución 2.0.

Encontraréis muchos especialistas (como Genís Roca) que os hablarán del fenómeno Web 2.0 con profundidad, si bien creo que todos estarían de acuerdo en que el cambio más relevante que aportan estas tecnologías es la popularización de la capacidad de generar contenidos.

Así, cualquier miembro de la organización se puede convertir en un punto de referencia para un determinado tema. Y eso puede poner los pelos de punta a más de uno, acostumbrado a mantener el control de la información que se distribuye por la organización.

De todas maneras, si McKinsey nos habla de cómo implantar estas tecnologías con éxito dentro de las organizaciones, podemos dar por hecho que ya no hay marcha atrás, o sea que mejor echar una ojeada a las recomendaciones que nos hacen para no fallar el tiro.

1) Sponsor: Como ya nos dice la teoría de gestión de proyectos, toda iniciativa necesita a una persona visible que le dé apoyo. En este caso todavía toma más relevancia ya que estos proyectos rompen los mecanismos jerárquicos de transmisión de la información, y provocan que los niveles inferiores alcancen más protagonismo. No será suficiente, pues, con el voluntarismo de Tecnología o de algún jefe de proyecto emprendedor, sino que tendremos que buscar puntos de anclaje en la cúpula.

2) Observar y promover: No sabremos que triunfará en nuestra empresa hasta que lo probemos, y seguramente surgirá como un efecto secundario de otras iniciativas. Será necesario estar atentos a las métricas para ver en qué casos se utilizan las nuevas herramientas y para qué.

3) Proceso: Es preciso que utilizemos las herramientas diariamente en nuestra dinámica productiva, y sacarlas de la marginalidad. Tenemos tendencia a frivolizar con que las herramientas de cooperación y comunicación son juguetes para los adolescentes, marcados quizás por los ejemplos del Messenger o el FaceBook, y por eso será básico que las institucionalicemos como una parte del proceso de fabricación de servicios o productos de nuestra compañía.

4) Actores: Encontrar los mecanismos correctos para incentivar a que las personas idóneas nos creen los contenidos será básico para no pervertir la base de conocimiento, y para evitar que cazadores de recompensas nos llenen de contenidos basura nuestros repositorios corporativos.

5) Regulación: Encontrar el equilibrio entre libertad y control para asegurar que no matamos al mensajero, pero que tampoco demos cerillas a los incendiarios.

Tenemos delante un interesante reto organizativo, ya que podemos conseguir que la gente con energía y conocimiento se dedique a enriquecer nuestra empresa, o que se entretenga en las redes sociales públicas. ¿Seremos suficientemente valientes?