viernes, 24 de abril de 2009

Movilidad solidaria


Leyendo un artículo de Wired sobre las lecciones de tráfico que nos pueden dar las hormigas, no he parado de pensar en un modelo que hace años que imagino de movilidad.
Resulta que conducir de forma solidaria, y pensar en el bien global, implicaría que todos (de media) llegaríamos antes, y quizás nos ahorraríamos algunas discusiones estúpidas ...

Imaginad que cuando necesitáis un transporte llamáis a una especie de taxi, que llamaremos vagoneta, que se mueve por una red de monorailes que llega a todos los destinos a los que podríamos llegar con un coche convencional. Si esta vagoneta es guiada ("conducida") por un sistema que controla la totalidad de los transportes, sería capaz de predecir el tiempo que tardarás, de establecer el mejor trayecto posible y de sacar el máximo provecho de la energía, gracias a las sinergias con las otras vagonetas y al ahorro de múltiples arrancadas y frenadas.

Parece, a priori, un sistema óptimo. Eficaz, eficiente, sostenible.
Una hibridación perfecta entre el metro y el coche.
Y técnicamente, hemos hecho cosas más difíciles.

Podríamos añadir incluso algunas sofisticaciones al sistema, como prioridades a las vagonetas, que nos aseguren que los servicios urgentes se tratan de manera prioritaria, permitir diferentes tipos de vagonetas (individuales, múltiples, de carga...) o incluso que cada uno pueda tener la suya para poder disfrutar del lujo propio.
Desgraciadamente, no podemos dejar conducir las vagonetas a los humanos, ya que no son, y menos al volante, solidarios.
Cuántas cosas a aprender de las hormigas.

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