jueves, 25 de febrero de 2010

El camino de la excelencia


Un ingeniero del mundo del automóvil me comentó hace tres años que no había ningún coche mejor que un Toyota, que tenían los mejores ratios de fiabilidad del mercado. ¡Y él trabaja en la competencia, en una de las principales constructoras de automóviles de Europa!

En las últimas semanas, sin embargo, Toyota ha estado en boca de todos, y en primera página de los diarios y medios generalistas por la trascendencia de dos defectos de calidad que han afectado a los frenos del Prius y a los aceleradores de muchos de sus modelos.
Las escuelas de negocios están llenas de casos de Toyota, y miles de ejecutivos se han formado con la fortaleza de los valores de espíritu de superación, innovación y excelencia de este gigante japonés.

Pero ser grande no te pone a cubierto de cualquier tormenta. Al contrario, ya que hace que los errores que cometes sean magnificados por la trascendencia de la marca.
Hace días que leo reflexiones al respecto, pero hoy he encontrado especialmente acertado el post de Robert E. Cole. Nos habla de la dificultad de abordar un crecimiento manteniendo la excelencia.

Toyota se fijó un ambicioso reto de crecimiento en 1998: llegar a una cuota de mercado del 15%, más del doble de lo que tenía (un 7%). Las predicciones del 2009 decían que éste 2010, Toyota superaría GM con un 17,6%. Realmente ha alcanzado su reto, pero seguramente ha pagado el peaje.
La presión a sus ingenieros, proveedores, y en todos los engranajes de la cadena ha sido quizás demasiado fuerte. Incluso la obsesión por la perfección tiene unos límites delante de la presión de la urgencia: Sacar un nuevo coche con nueve meses, la complejidad del liderazgo de los dobles motores eléctricos y de combustión, crecer por todas partes y con fuerza ... No han llegado a todo, y se han escapado pequeños detalles, que cuando eres un referente, no se pueden escapar.
A todos nos ha salido caro, en algún momento, el crecimiento. En épocas de mucho trabajo, se nos ha quemado algún proyecto, o hemos tomado una mala decisión, o perdido la confianza de otras personas.

La magia está en encontrar el equilibrio entre la productividad y la calidad. Este equilibrio se escoge, y forma parte de la estrategia de la compañía.
Crecer implica presionar a producción, a comercial, a todas las piezas del engranaje para llegar más lejos. La presión es enemiga de la calidad.
Pero cada vez menos gente tenemos que hacer más trabajo, o sea, tenemos que ser más productivos. Y seguramente este incremento de productividad es imprescindible para nuestra supervivencia.
Ya que no sé si Toyota hubiera sobrevivido si no se hubiera fijado unos retos de crecimiento tan estrictos. Pero reponerse de la pérdida de confianza puede ser durísimo en el actual entorno, con una valoración de demanda de automóviles comparable con la de los años 60.

No puedo evitar, a pesar del error, sentir todavía más una especial simpatía por esta compañía que lucha por un motor híbrido, cuando las grandes marcas se lo miran desde la distancia del petróleo. La hace más humana.

Pero para la familia, quieres seguridad, no simpatía.
¿Y ahora que haré, yo que quería un híbrido para renovar mi coche?

Adelante, Toyota, retomad el camino de la excelencia, que siempre os caracterizó.

sábado, 13 de febrero de 2010

Pequeñas ventanas abiertas al mundo


Desde hacía unos meses, en casa, había una lucha pacífica por el portátil. El perdedor, o se resignaba mirando la serie de turno de la tele, o cogía el libro que estaba a medias.
La lucha se ha resuelto incorporando un nuevo equipo portátil, un netbook, y así cada uno tiene su equipo disponible. Eso ha acabado provocando que la tele se apague.

De hecho, paradójicamente, a veces se ha utilizado el ordenador para recuperar algunos programas de tele, como las magníficas sesiones del profesor de la Harvard Alvaro Pascual Leone. Eso sí, totalmente bajo demanda y con las pausas y reanudaciones que han convenido.
El ocio en casa está cambiando rápidamente, y determinados modelos parece que tienen los días contados. Ahora ya podemos escoger cada uno a qué queremos dedicar los pocos minutos de tiempo libre que nos quedan después de la actividad diaria.

Más allá pero de este cambio de hábitos, creo que podría esconderse una oportunidad.
Indiscutiblemente, fue más interesante y productiva la charla del programa Singulars que ver las últimas peripecias de los protagonistas de Perdidos, para poner algún ejemplo digno.

Los nuevos dispositivos de acceso a Internet, pequeños, cómodos, fáciles de trasladar al sofá o como última lectura de mesilla de noche, abren nuevas puertas en el acceso a contenidos que nos pueden mantener más actualizados y competitivos, y que nos mantienen enlazados con nuestra red social, a la que indudablemente tendremos que recurrir para sacar adelante nuestros proyectos.

El profesional del futuro tiene que ser inquieto y estar formado, y las oportunidades para adquirir nuevos conocimientos están ahora más al alcance que nunca. Ya no hace falta que nos retiremos a la habitación del ordenador. O que carguemos con el kilo y medio del portátil. O que pasemos antes por la biblioteca. Los netbooks o los iPads no son sólo más pequeños que un portátil y mayores que un móvil. Abren nuevas formas de uso, nuevas posibilidades. Un paso más hacia la ubicuidad del conocimiento.

También es verdad que podemos dedicar ese tiempo y esos recursos a ver Salsa Rosa.
Quizás de eso dependerá que salgamos antes o después de la crisis. O que como mínimo la superemos a nivel personal.