viernes, 9 de abril de 2010

Esclavos del zapping


Cada vez es más habitual ver personas que asisten a las conferencias equipadas con sus equipos portátiles, en general conectados a Internet. Si observáis el uso que hacen de los dispositivos os hará reflexionar.

El primer punto que hay que tener en cuenta es la posibilidad de contrastar la información que están recibiendo de forma inmediata, e incluso ampliarla con cuatro clics. No sé si los ponentes son conscientes, pero la época de los fachendas puede haberse acabado. Me imaginaba por ejemplo la capacidad de refutación que podría tener un asistente bien equipado y mínimamente bien informado en una tertulia de pacotilla de las que a veces escuchas por la radio o ves por la tele.
Es verdad que no tenemos memoria, pero Google nos la refresca con rapidez ...

El otro, es la capacidad de dispersión que estos equipos provocan sobre sus usuarios. Está en la esencia del hipertexto la capacidad de saltar de un contenido al otro sin acabar ninguno. Pensemos como incluso los propios creadores de blogs provocamos que los lectores se escapen de los mensajes que les queremos transmitir antes de llegar al final.

Llegado a este punto, y corriendo el riesgo de que no acabáis de leerme, me veo obligado a referenciar el artículo de Nicholas Carr sobre la capacidad de Internet de cambiarnos la inteligencia. De manera similar a cómo la expresión escrita o la aparición de la imprenta hizo cambiar la capacidad de aprender de los humanos, estamos ante el riesgo (o la oportunidad) de que estos nuevos conceptos capturen nuestra atención y no nos permitan acabar de concentrarnos en un texto largo, o que no tenga la riqueza multimedia a la que nos estamos acostumbrando.

Quizás por eso aquellos perfiles profesionales más acostumbrados al "zapping", es decir, a dedicar pequeños ratos a cada tema, y capaces de hacer muchos cambios de foco a lo largo de la jornada, tienen ahora más éxito en un mundo profesional donde parece que la urgencia y el corre-corre está de moda, más que la planificación y la productividad. Ya que hacer muchas cosas a medias puede ser sinónimo de no acabar ninguna.

Aquellos profesionales que sean capaces de utilizar las tecnologías para recoger la información que necesitan cuando la precisen, sin perder la concentración necesaria para resolver los temas y no sólo peinarlos por encima, tendrán una ventaja competitiva con respecto a los que continúen utilizando sólo la vieja inteligencia.

No quiero alargarme más, ya que corro el peligro de perder vuestra atención.

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