miércoles, 23 de junio de 2010

Cuerpo o mente?


Junio es el mes en que los escolares reciben las notas de fin de curso, y creo que un buen momento para reflexionar sobre la importancia que entre todos le damos a la formación, y a sus valoraciones.

Hace tan sólo unos días, se hacían públicos los resultados de las pruebas de competencias básicas de los estudiantes de primaria, que de nuevo, generan inquietud y decepción. En un interesante debate en "El matí de Catalunya Ràdio", con Manel Fuentes, los expertos invitados hacían algunas
preocupantes fotografías de la realidad.

En concreto, comentaban que entre los niños (en masculino) está mal visto eso de estudiar. Que les toca sólo a las niñas, y por lo tanto, los machos mejor que se dejen de chorradas y se dediquen a dominar el patio, si hace falta, por la fuerza. Sacaron datos objetivos, y un 12% más de fracaso escolar entre los niños que entre las niñas confirma que alguna cosa pasa.
Realmente, ya hace unos años que con algunos otros padres preocupados por dar a sus hijos la mejor educación posible, estamos detectando la peligrosa potencia que tiene el desprestigio del buen estudiante, al que se le llama "empollón(1)", rata de biblioteca, o lo que haga falta, con el objetivo de convertirlo en un inválido socialmente. Especialmente entre los más machos del patio.

Todos sabemos, por que algún día la vivimos, la potencia que tiene esta percepción social en los pequeños hombrecillos de mañana. Somos nuestra imagen, y más cuando todavía estamos tiernos para hacer frente a un desprestigio mezquino, guiado por la envidia, la rabia, la incapacidad o por una cruel diversión.

Nos toca a los padres, a todos, convencer a nuestros chicos de que no tienen más futuro que el que ellos se construyan, y que eso del dinero fácil se ha acabado, como un efecto secundario de la crisis.

Si dejamos la formación en manos de las mujeres, no nos quedará nada más a los hombres que el músculo, y parece que con eso no nos podremos ganar la vida, excepto unos pocos futbolistas en todo el mundo.

jueves, 17 de junio de 2010

Inquietos! Espabilad!

A pesar de que Barcelona, con el update, el Hit y el Día del Emprendedor parece rebelarse, el comportamiento innovador en el Estado continúa mal, y va a peor, según lo que se desprende del análisis que el Informe Mensual de junio de 2010 del Departamento de Estudios de "la Caixa" acaba de publicar, sintetizando los resultados del European Innovation ScoreBoard (EIS) y su Summary Innovation Index (SII).
No sólo vamos de la mitad hacia abajo, sino que el ritmo de crecimiento nos enviará en un futuro próximo todavía más a la cola, de manera similar a Italia y Noruega.
Portugal y Grecia, a pesar de venir de un pasado oscuro, crecen ahora a buen ritmo. Y pronto Rumanía, ahora en la cola pero con un ritmo de crecimiento frenético, nos pisará los talones.
Los interesados en medir la innovación pueden hacer una ojeada a los criterios de valoración, que me han parecido amplios y acertados. Todo se puede medir, si se quiere. Pero quizás resulte de que no te gustan los resultados ...
Podríamos pensar que es la consecuencia de la crisis, pero estos efectos se notarán en el índice del año que viene ...
Si no queremos esperar un año más, se puede revisar el Innobarometer 2009, de la Gallup Organization, pero los resultados de España continúan en la parte más baja de la UE-27, con una de las cinco peores proporciones entre las empresas que aumentan el gasto en innovación y las que lo bajan.
No son sólo sensaciones. No vamos por buen camino. Lejos quedan las palabras que en octubre de 2008 nos transmitió Cristina Garmendia en una conferencia sobre "El futuro de la Política española de I+D+i en el contexto europeo", en que llegué a pensar que se podían cambiar antiguas tendencias. Hemos mejorado, pero los otros corren más.
Pero si alguien lo tiene que encontrar, este sendero milagroso, tendrá que ser la gente inquieta por innovar. O sea que nos toca espabilar. Y contagiar a unos cuantos más.

martes, 8 de junio de 2010

Los alegres chicos del power point


En los buenos tiempos se dijo que el Power Point era el diablo. Todo el mundo podía hacer realidad el viejo dicho de que “el papel todo lo aguanta”, utilizando esta herramienta demoníaca que todo lo pinta y todo lo camufla. Más tarde, el uso del power point se extendió desde los ordenadores del populacho a ámbitos tan selectos como la directiva postyuppie del Barça – cuando Laporta, Rosell y Sorino aún compartían proyecto- que llegó a ser conocida como la “directiva power point”. Hoy por hoy, la herramienta se ha pervertido tanto que ya existen “países power point”, al estilo de Grecia y Hungría, que pintan sus cuentas con los colores Alpino del engaño a la Unión Europea.

En aquellos tiempos – que ahora parecen pretéritos y no lo son tanto- también se debatía encarnizadamente si la tecnología era o no importante. A fecha de hoy, la conclusión prácticamente unánime es que no solamente lo es, sino que resulta del todo imprescindible (*). El problema, como antes y como siempre, es el uso que se hace de ella. He ahí, pues, porque el power point - que pobrecillo no tiene ninguna culpa- continúa siendo el diablo: es que ahora, los gobiernos incluso lo utilizan para falsear la realidad y trasladar a la economía la frase futbolística de “echar la pelota hacia adelante”.

En cualquier caso, el uso del power point ha pasado de ser una anécdota a considerarse una categoría. ¿Puede ser, entonces, que el problema sea aún mayor y, la nuestra, sea una “realidad power point”? ¿Era sólo power point el estado del bienestar? ¿Lo era la bonanza económica? ¿Lo era el paradigma “quien-no-tiene-segunda residencia-y-un-4X4-no-es nadie”? ¿Es tan profundo el bache que a corto plazo no se lo saltará ni media Europa? ¿Acabará por hundirse el euro y volveremos a caer en África, expulsados del furgón de cola de Europa? ¿Era todo una tomadura de pelo, muy bien presentada?

Y como dicen que no hay respuestas malas, sino sólo preguntas mal formuladas, planteamos alguna más: ¿es también power point el sentido de la responsabilidad de la oposición en España y en Catalunya, queriendo aparentar que la resolución de la crisis no es cosa de ellos? ¿es ayudar al país querer ignorar que Europa está a punto de hundirse? ¿es admisible que los gobernantes nos embauquen en asuntos tan sagrados como las cuentas públicas? ¿necesitaremos líderes de veras que, sin power point de mentirijillas, depositen la honestidad en su persona y su compromiso y no en tecnología sólo de escaparate?

(*) "La tecnología transforma radicalmente cómo hacemos lo que hacemos, y, cada vez más, facilita hacer cosas que no hacíamos. Transforma el cómo, el qué, el dónde, el cuándo, el cuánto, y acabará definiendo el por qué", como dice Alfons Cornella (Visionomics, Libros Infonomia, Barcelona, 2010).