lunes, 13 de septiembre de 2010

Honestidad

Plutarco en "Vidas paralelas" narraba que César reprobó a Pompeya, a pesar de no dudar de su fidelidad, sólo por el hecho de que un patricio intentó conquistarla: "la mujer del César además de ser honesta, debe parecerlo".

En algunos casos, sin embargo, podemos confundirnos y dar más pasos para parecer honesto, que para serlo realmente. Es decir, buscar la notoriedad fácil, que se nos vea, más que esperar que este reconocimiento nos venga por la brillantez del trabajo bien hecho.
Por ejemplo, nos puede haber llamado la atención los inmensos letreros anunciando las obras que se prolongarán durante meses y con más molestias de las que parecerían necesarias, o la gran visibilidad que buscan los equipos de limpieza, incluso en horas punta, para hacer así innegable su presencia.

Si hay que justificar un presupuesto importante, será más fácil que se vea que se ha trabajado durante meses, por la noche y los fines de semana, si hace falta. Pocos irán a mirar si el resultado por el que se pagó, al cabo de los años, justificó el impacto del cambio y el coste soportado, si se hicieron las horas.

Nos guste o no vivimos en un mundo que valora mucho las apariencias, quizás a veces más que los hechos, ya que es más sencillo posicionarse por las primeras sensaciones, que profundizar sobre los resultados finales, que nos llegan demasiado tarde, y requieren una valoración objetiva y serena.
Y los blogs, llenos de rápidas reflexiones poco contrastadas como ésta, pueden ser un gran ejemplo de este mundo de zapping que busca sólo inmediatez.

Asimismo, en el trabajo, eso de pagar para tener alguien sentado en la silla tendría que tener los días contados. ¿De qué te sirve que calienten el asiento durante las horas pactadas (o más, si puede ser) si los resultados no son los esperados?
Los trabajos por horas y con horarios concretos se corresponderán cada vez más con tareas mal remuneradas: compran el tiempo de los trabajadores, no su talento, que es el verdadero activo.
Requerirá, sin embargo, un nuevo estilo de liderazgo, que valore más los resultados que las apariencias.
Además de parecer honesto, deberás serlo realmente.

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