lunes, 26 de septiembre de 2011

Alas en la red

La naturaleza ha sido siempre un elemento de inspiración para los innovadores, e imitarla un reto.

Mientras veía el pájaro positrónico volando por encima del selecto auditorio del TED, pensaba hasta qué punto nuestras empresas, ahora, serían capaces de mantener un equipo potente en un proyecto con un retorno tan poco evidente como el de la gaviota robotizada.

Podríamos frivolizar diciendo que no sirve para nada.
Pero no es verdad.

El equipo de Festo, formado por especialistas en diferentes materias seguro que encontraron el estímulo ideal en el proyecto para dar el mejor de ellos mismos. Consiguieron motivar a los empleados.

En TED.com, el vídeo tiene más de un millón de visualizaciones, y a menudo a través de YouTube y otras distribuciones se duplica este número. Es evidente el valor de todos estos impactos, y más por la manera como permanecerán en nuestro cerebro.

Todo aquello que está ligado a una historia, a un cuento, se engancha como una lapa a nuestros recuerdos. Si alguna vez requerimos un especialista en neumática, en eficiencia energética, u otras derivadas, ¿no creéis que iremos a buscarlos?

Festo es una multinacional con presencia a 176 países, con 250 oficinas y 14.600 empleados. La gaviota voladora de 400 gramos preside su web.

La manera de vender está cambiando.
Las tiendas en la calle cierran. Y las tiendas en Internet crecen.
La influencia de las redes está aquí para quedarse y por lo tanto tener una presencia en ellas tiene un valor creciente.
¿Continuáis pensando que hacer volar un pájaro en el TED no tiene retorno de la inversión?

Más detalles:
http://www.ted.com/talks/a_robot_that_flies_like_a_bird.html
http://www.festo.com/cms/en_corp/9479.htm
http://www.ted.com/speakers/markus_fischer.html

miércoles, 25 de mayo de 2011

El deporte de innovar

Siempre me ha gustado hacer analogías entre el fútbol y las cosas serias de la vida.

La pasión que supone el deporte para muchos consigue que si somos capaces de enlazar el mensaje que queremos transmitir con las emociones vividas, se creen unas relaciones mágicas en los cerebros de nuestra audiencia, y se quede grabado a fuego en sus memorias.

Hace unas horas que he leído un artículo de José Luis Larrea dónde la analogía del sistema de innovación con un partido de baloncesto era fascinante.

La lucha contra el tiempo, la necesidad de saber quién somos y qué nos mueve, la preeminencia del equipo sobre la individualidad si queremos ganar siempre, la magia de aunar el proceso y la creatividad, la utilización de la tecnología para ser mejores, la observación del entorno y el estudio detallado del adversario, el papel del líder, el control del azar...

Demasiadas cosas para un post sin pretensiones como éste.

Difícilmente habría recordado esta serie de detalles básicos para convertir la empresa en una máquina para innovar sin evocar continuamente a la analogía del baloncesto.

Empujamos a los niños a practicar un deporte para que mantengan su cuerpo sano y aprendan a ganar y a perder. A esforzarse y a luchar en equipo por un objetivo común. A ser creativos y colaborativos.

Y realmente innovar es esto, una lucha constante por encestar, y una defensa enconada por recuperar la pelota.

Más detalles:

- Baloncesto: descifrando el enigma de la innovación (José Luis Larrea) - Harvard Deusto Business Review - febrero 2009

- Tiempo ¿muerto? para innovar (Ivanovic - J.L. Larrea) Ediciones Pirámide.

(Original en català a bloc.treva.cat)

martes, 24 de mayo de 2011

De tractores a compactadoras

Es innegable el potencial de determinadas empresas para generar ocupación, crecimiento y prosperidad. Sus proyectos movilizan el tejido empresarial, mucho más allá de las fronteras de la propia compañía, ayudando a crecer a filiales, proveedores y multitud de personas que directa o indirectamente hacen que todo florezca.

Estas compañías, a menudo grandes, de las que se pueden contar con los dedos de las manos en cada país, eran llamadas los tractores económicos, por su capacidad de abonar y hacer florecer los negocios.

Pero ahora los tractores se están convirtiendo en compactadoras. Aplastan sus estructuras en aras de la reducción de costes, y quizás los primeros números que hacen les salen bien. Esperan que todo continuará como los últimos años, y ellos ahorrarán...
Yo cada vez tengo más dudas.

No creo que sean conscientes de la magnitud de la tragedia que les puede suponer dejar de impulsar, como habían hecho en las últimas décadas, los proyectos del país. Nadie lo hará por ellas.

Al final, tienen como clientes a la mayoría de la población, y sin este impulso, la crisis se alargará y cada vez serán menos los clientes que estarán dispuestos a pagar las cuotas de los servicios o el precio de los productos que ofrecen.

O quizás sí que lo han contado y no les importa, ya que sus negocios que actualmente florecen están más allá de los océanos.

En cualquier caso, están dando un mensaje que debemos saber escuchar.

Tendremos que valernos por nosotros mismos.

Ellos han dejado de innovar. Nos lo dejan a nosotros.

Sabremos encontrar el mercado?

(Original en català a http://bloc.treva.cat)

miércoles, 19 de enero de 2011

La esencia


¿Hasta dónde llegaremos en aras de la reducción de costes?
Las empresas, pero también los países están inmersos en una lucha por reducir los gastos. Pero cuando ya llevan más de dos años de grandes recortes cada vez se hace más difícil escoger el lugar dónde clavar las tijeras.

Como los polos contrarios se atraen, podríamos comparar esta decisión con otra, mucho más positiva y de futuro, como la de dónde poner los límites de la innovación.
Como en todo, no hay una receta mágica, pero el sentido común nos dice que aun cuando todas las técnicas creativas apuestan por pensar de entrada sin barreras, la lógica debe recoger después los frutos de la creatividad para centrarlos en la viabilidad.
Estos procesos de dispersión seguidos de fases de concreción nos deberían llevar a una redefinición razonable de lo que queremos ser, aprovechando todo lo que sabemos hacer, y sin perder la esencia de lo que somos.

Y no nos engañemos, nuestros valores son la esencia de la compañía.
No podemos dejar de ser nosotros mismos, puesto que dejaremos de tener sentido para nuestros clientes, para nuestros empleados.
Si una empresa pierde el alma, dejará de ser percibida como diferente por el mercado, y pasará a hundirse en el barro de la lucha sangrienta por el mejor precio. Es ir a morir.

Del mismo modo, un país no puede dejar de ser quien es. No es un problema de costes. Es un problema de valores.
No olvidemos que son las emociones las que mueven a las personas.
Y si perdemos la ilusión por luchar por nuestra compañía o por nuestro país, no tendremos una buena salida de la crisis.

No nos engañemos: sólo recortando no lo arreglaremos.
Alguien debe pensar en crear, y sólo la emoción estimula la creatividad.

No recortéis vuestra esencia o lo perderéis todo.