miércoles, 25 de mayo de 2011

El deporte de innovar

Siempre me ha gustado hacer analogías entre el fútbol y las cosas serias de la vida.

La pasión que supone el deporte para muchos consigue que si somos capaces de enlazar el mensaje que queremos transmitir con las emociones vividas, se creen unas relaciones mágicas en los cerebros de nuestra audiencia, y se quede grabado a fuego en sus memorias.

Hace unas horas que he leído un artículo de José Luis Larrea dónde la analogía del sistema de innovación con un partido de baloncesto era fascinante.

La lucha contra el tiempo, la necesidad de saber quién somos y qué nos mueve, la preeminencia del equipo sobre la individualidad si queremos ganar siempre, la magia de aunar el proceso y la creatividad, la utilización de la tecnología para ser mejores, la observación del entorno y el estudio detallado del adversario, el papel del líder, el control del azar...

Demasiadas cosas para un post sin pretensiones como éste.

Difícilmente habría recordado esta serie de detalles básicos para convertir la empresa en una máquina para innovar sin evocar continuamente a la analogía del baloncesto.

Empujamos a los niños a practicar un deporte para que mantengan su cuerpo sano y aprendan a ganar y a perder. A esforzarse y a luchar en equipo por un objetivo común. A ser creativos y colaborativos.

Y realmente innovar es esto, una lucha constante por encestar, y una defensa enconada por recuperar la pelota.

Más detalles:

- Baloncesto: descifrando el enigma de la innovación (José Luis Larrea) - Harvard Deusto Business Review - febrero 2009

- Tiempo ¿muerto? para innovar (Ivanovic - J.L. Larrea) Ediciones Pirámide.

(Original en català a bloc.treva.cat)

martes, 24 de mayo de 2011

De tractores a compactadoras

Es innegable el potencial de determinadas empresas para generar ocupación, crecimiento y prosperidad. Sus proyectos movilizan el tejido empresarial, mucho más allá de las fronteras de la propia compañía, ayudando a crecer a filiales, proveedores y multitud de personas que directa o indirectamente hacen que todo florezca.

Estas compañías, a menudo grandes, de las que se pueden contar con los dedos de las manos en cada país, eran llamadas los tractores económicos, por su capacidad de abonar y hacer florecer los negocios.

Pero ahora los tractores se están convirtiendo en compactadoras. Aplastan sus estructuras en aras de la reducción de costes, y quizás los primeros números que hacen les salen bien. Esperan que todo continuará como los últimos años, y ellos ahorrarán...
Yo cada vez tengo más dudas.

No creo que sean conscientes de la magnitud de la tragedia que les puede suponer dejar de impulsar, como habían hecho en las últimas décadas, los proyectos del país. Nadie lo hará por ellas.

Al final, tienen como clientes a la mayoría de la población, y sin este impulso, la crisis se alargará y cada vez serán menos los clientes que estarán dispuestos a pagar las cuotas de los servicios o el precio de los productos que ofrecen.

O quizás sí que lo han contado y no les importa, ya que sus negocios que actualmente florecen están más allá de los océanos.

En cualquier caso, están dando un mensaje que debemos saber escuchar.

Tendremos que valernos por nosotros mismos.

Ellos han dejado de innovar. Nos lo dejan a nosotros.

Sabremos encontrar el mercado?

(Original en català a http://bloc.treva.cat)