lunes, 22 de septiembre de 2014

¿En qué destacamos?

Después de compartir muchas horas de trabajo con los compañeros del equipo del máster, recuerdo como especialmente útil un rato que dedicamos a decirnos entre nosotros como nos veíamos. Cada uno recibió un papel de puntos fuertes y puntos de mejora de todos los compañeros.
Este contraste con las personas que nos conocen es fundamental. 
Quizás pensamos que damos una imagen, y realmente los que nos rodean perciben otra ...

Hoy quiero centrarme en los aspectos positivos que nos destaquen los compañeros y en los que nosotros nos sentimos especialmente potentes. Probablemente coincida con lo que de manera natural más disfrutamos, ya que tenemos talento para ello.

Algunas personas tienen habilidades para explicarse; otras para resumir y ordenar; otras para conseguir un ambiente de colaboración; otras son divertidas; algunas son creativas y otras grandes negociadoras. O capaces de venderte una moto en un instante...

Quizás os pensabais encontrar una lista de talentos más orientada a las materias que estudiábamos en la escuela, pero creo que el talento está más cerca de nuestras competencias, que de lo que hemos estudiado, aunque probablemente, si elegimos bien, los estudios habrán aprovechado nuestro talento y lo habrán hecho crecer.

Acertar en la explotación del talento, nos decía el otro día Santiago Álvarez de Mon en una charla en el Palau Macaya, es una característica común de los que habían encontrado el éxito.

En el libro de Tom Kelley «Las diez caras de la innovación» se habla del perfil del interpolinitzador, un perfil con características transversales que hace que se pueda comunicar bien con toda la organización, pero con unas competencias verticales, de especialización, claras y potentes.

Necesitamos destacar en algo, ser diferentes y especiales. Aprovechemos nuestros puntos fuertes y mantengámoslos a lo largo de nuestra vida. Un jugador polivalente tendrá sitio en el banquillo. Un buen rematador jugará los partidos.


martes, 9 de septiembre de 2014

Fijar el ritmo

Recordáis cuando erais estudiantes?
Cuando había que terminar de preparar un examen inminente, qué hacíais?
Alargabais la noche para encontrar la calma y el momento para asimilar la materia que te preguntarían al día siguiente?
O ibais a dormir para levantaros pronto y aprovechar los primeros momentos del día para repasar las páginas de apuntes?
Todos tenemos momentos de máxima energía, y a menudo se concentran en horarios concretos del día, marcados por nuestros ritmos biológicos, pero eso que hacíamos de jóvenes, de concentrar la preparación del examen en nuestro momento fuerte, quizás ahora nos cueste más, al tener que ordenar toda una jornada de trabajo, a menudo demasiado larga.
Quizás caemos en la trampa de llenarnos la agenda de cosas que hacer, sin pensar si realmente es lo que sería preciso hacer y si lo hacemos en nuestro mejor momento, y con la compañía adecuada.
La efectividad de las personas que escogen su mejor ritmo de trabajo, nos arrastrará al agotamiento si no somos capaces de fijarnos nuestros propios momentos y espacios.
Anticiparse en la resolución de los temas críticos en el momento adecuado, delegar en la persona capaz, olvidar los estorbos a los que no es necesario dedicar tiempo ahora, regalarse unos momentos de descanso entre los ratos de esfuerzo ...
Requiere energía, ordenarse, pero también la ahorra. Y tienes el control.

A fondo:
David Torne: Ser productiu o mantenir-se ocupat
Ron Friedman: When to schedule your most important work